Todos los secretos de San Martín a 169 años de su fallecimiento

Todos los secretos de San Martín a 169 años de su fallecimiento

Este sábado 17 de agosto se conmemora el 169 aniversario del fallecimiento del general José de San Martín, considerado el Padre de la Patria. Sin embargo, no sólo se destacan sus grandes epopeyas que permitieron la liberación de tres países sudamericanos, y su imborrable legado de lealtad y ética, sino que además vale recordar que su lucha por la emancipación del asedio español se dio en el marco de muchas enfermedades y heridas que sufrió a lo largo de su vida y los combates.

De hecho, en plena campaña de Los Andes, San Martín luchaba contra la gota, el asma y la úlcera, síntomas que solía combatir con la ingesta de opio y laúdano. De hecho, durante tres meses durmió sentado porque se le hacía imposible hacerlo de manera normal. El insomnio, además, persistía: se despertaba a las 4 de la mañana todos los días.

En 1830 de gira por Europa sufrió de cólera y combatía la gota con baños termales en una localidad francesa, país donde finalmente se asentó. En 1847 comenzó a perder la visión a causa de una presunta mala operación de cataratas, y su curva hacia la muerte ya era inevitable. El historiador y periodista Daniel Balmaceda recordó algunas anécdotas y detalles de la vida del Libertador en diálogo con AM1300.

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«Había tenido algunas novias en España pero llegó soltero a Buenos Aires, con 34 años. En aquella época uno de los primeros requisitos que se pedía a los recién llegados era que formaran una familia. San Martín llegó en marzo y en septiembre ya estaba casado con Remedios de Escalada, que tenía 14 años. Era una costumbre de aquel entonces. Llegaron a forjar una buena relación, un poco acotada por la actividad porque obviamente él tenía que salir de campaña, por lo que pasó mucho tiempo fuera de su casa. En agosto de 1816 nació Merceditas y en el verano del ’17 hizo el famoso cruce, algo complicado y majestuoso. No había caminos sino que tenía que seguir el sendero de los animales, que tenía medio metro de ancho y estaba rodeado de precipicios de 5 mil metros», detalló Balmaceda.

Para el periodista, es común que se confundan ciertos datos en la historia de personajes tan relevantes, como con el caballo blanco de San Martín, por ejemplo: «de chicos hablábamos de eso y el cruce de los Andes no lo hizo a caballo; la mayoría del trayecto fue en mula».

Una anécdota de color muy simpática para el autor de se remonta a una noche de 1816 en un baile en Mendoza, con Remedios ya embarazada: «Como él era el general principal le pidió a uno de sus oficiales, Manuel de Olazábal, que le buscara «una cotorrona para bailar el minué». Así se le decía a las mujeres mayores que estaban todo el día en las tertulias hablando como cotorras. Pero Olazábal apareció con Laurencita Ferrari, de 15 años, hija de un amigo de San Martín. Según le dijo, no iba a permitir que el General bailara con un «vejestorio». A los dos años, Olazábal se casó con la muchacha y San Martín fue el padrino».

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Respecto a la existencia de «héroes» actuales, Daniel Balmaceda fue contundente: «Los valores de aquellas personas eran muy elevados y perseguían el bien común por encima de sus actividades personales y deseos. Necesitamos gente que trate de pensar más en todos y menos en uno mismo». El economista Mariano Otálora, autor del libro Los próceres y el dinero, opina en la misma línea que «hoy no encontrás ninguno de los buenos, nadie le llega a los talones ni a San Martín ni a Belgrano, tipos fuera de serie».

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